martes, 21 de abril de 2009

Way to happiness

El lunes será el primer aniversario de la muerte de mis sueños... ¡Joder! ¡Cuánto dramatismo! ¿No?
Lo peor es que es verdad.

El día 27 de marzo de 2009, mientras escuchaba el disco de Jamie Cullum "Catching Tales" en el coche de mi padre de camino a Coruña para pasar con él unos días, recibí una llamada. Mi madre estaba en Sevilla y desde hacía unos días estábamos esperando que llegase la carta de los cojones en la que ponía si había sido preseleccionado para la primera fase de Colegios del Mundo Unido. El resultado todos lo sabíamos, aunque nadie quería expresar su opinión precipitadamente. Nadie excepto yo.
Quizá fuera por eso, porque ya lo había aceptado antes de saberlo de manera confirmada, que cuando mi padre entró en el coche tras haber estado hablando con mi madre y me dijo:
- Bueno, no vamos a alargarlo más, ¿vale?
Y me dio un abrazo:
- De verdad que lo siento.
Quizá fuera por eso que no me sentí tan sorprendido y triste como me había imaginado. Todos teníamos claro que no podía ser real, que tenía que haber un error, y si no era así, que no era justo. Que el año pasado me habían asegurado que habían visto en mi el perfil que buscaban, que me había quedado a las puertas, que me faltaba un poco de madurez y preparación y que si hubiese estado en 1º de bachiller seguramente me la hubiesen dado.
Y ahora esto.

Tras una semana de trámites burocráticos, llamadas, reuniones y nervios el comunicado se volvió definitivo. No. Lo sentimos mucho, pero no... Y ya está. Adiós al perfil que habían visto, adiós a la madurez que había obtenido en aquel año, adiós al proceso de preparación que había llevado a cabo en los últimos meses, adiós al trabajo del año anterior,... adiós a mi sueño. Oportunidades = O

¿Y ahora qué?
Ante mí se presentan varios caminos, pero todos ellos me acojonan tanto que creo que nunca había deseado tanto como ahora robar los ahorros de mis padres, irme a las Malvinas y cambiarme de identidad. Y empezar de cero. De verda. Empezar realmente de cero.
Pero como ya sé por experiencia la vida no sigue las pautas de una película. Por eso existen las películas. Porque nos muestran aquello que en la vida no puede suceder. Por eso alomejor todo el mundo ha querido alguna vez en su vida ser actor: para poder sumegirse en otra identidad cuya historia tenga un final feliz, o, al menos, una vida tan interesante como para ser contada.

Lo que está claro es que por ahora lo que debo hacer es lograr mirar a la camiseta de Colegios del Mundo Unido que me dieron el año pasado en las pruebas y evitar el nudo en la garganta. Y evitar encontrarme con dos ideas en la mente cuando pienso que a Maite le han dado la beca: por una parte, me alegra porque sé que se lo merece desde que la conozco un poquito más; por otro lado, envidiarla, odiarla y pensar que no es justo que a ella sí y a mí no. Aunque creo que por ahora la personalidad buena (la que acepta que Maite se lo merece y se alegra) predomina.
¡Felicidades Maite!

Mi madre y Cristián sugieren que redacte una carta a los Colegios en la que ponga clara y adultamente porque se han equivocado al no darme esta oportunidad y la injusticia que han cometido. Mi padre piensa que es mejor olvidarme de todo y pasar página.
Y yo pienso que lo mejor es esperar a que me den un Oscar (flipada, pero ya veréis...) y entonces enviar un mensaje a CMU.

Por ahora, a buscar una alternativa, un futuro, un camino hacia la felicidad. A atrapar historias, pero historias que me hagan feliz (tal y como dice el título del disco de Jamie Cullum que estaba escuchando cuando me llamaron: que paradoja...)

GUILLEM